15 Jun

Rehabilitación energética residencial; ¿qué es?

De forma exponencial en los últimos años, se han ido publicando noticias sobre la rehabilitación energética en el parque residencial. Por una parte, la factura energética global la marca el sector residencial, menos intensivo pero más incisivo por superficie total construida que los edificios de uso terciario. Por otra, la rehabilitación se ha erigido como la salvación del sector de la construcción, después del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, incentivándose en un parque residencial que tiene poca inercia de per se.

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La intersección de lo anterior ha resultado en la denominada rehabilitación energética residencial, establecida y promovida desde distintos niveles de las administraciones públicas. Desde casos ejemplares, hasta proyectos singulares, existe un constante goteo de noticias bajo el mencionado epígrafe. Sin embargo, ¿por qué éste tipo de intervenciones quedan habitualmente supeditadas a subvenciones?, ¿por qué se promueven proyectos de investigación en este sentido? Y, lo que es más relevante, ¿es la rehabilitación energética residencial un modelo de negocio de futuro?

 

Estado del parque edificatorio residencial y la rehabilitación energética como modelo de negocio

 

El parque actual de edificios de España está formado por cerca de 10,2 millones de edificios, de los que casi 9 millones y medio son residenciales, que reúnen un total de 25 millones de viviendas[1]. De éstos, cerca de un 60% del total fueron construidos antes de 1980[2], cuando apenas existía la primera norma energética en la edificación (el NBE-CT-79, a través del Real Decreto 1650/1977, de 10 de Junio). Si a lo anterior añadimos que, parte relevante del sector data de la época de posguerra, con una edificación de calidad deficiente, resulta en un parque residencial obsoleto a todas luces.

 

 

rehabilitación energética

Figura 1. Previsión de la evolución de la calificación energética del parque edificatorio. Fuente: Plan de Acción y Ahorro y Eficiencia Energética 2011-2020. Una visión-país para el Sector de la Edificación en España – GTR 2011.

 

De lo anterior, parecería que existe un potencial relevante de mejora o ahorro energético. Pero para entenderlo mejor, antes deberíamos comprender los consumos típicos en edificios de uso residencial. Así, de datos estadísticos tenemos que en España el principal consumo en vivienda es la calefacción, seguido de otros consumos que poco tienen que ver con la envolvente del edificio;

 

rehabilitación energética 2

Figura 2. Distribución del consumo final de energía para edificios de uso doméstico. Fuente: Plan de Acción y Ahorro y Eficiencia Energética 2011-2020. Una visión-país para el Sector de la Edificación en España – GTR 2011.

 

De donde podemos extraer dos conclusiones igualmente valiosas,

 

  1. Más de la mitad de los consumos energéticos en edificios de uso residencial resultan independientes de las soluciones arquitectónicas y las calidades constructivas.
  2. A pesar de vivir en un clima eminentemente cálido, la mayor parte de los consumos se debe a la calefacción, lo que no significa que no existan demandas de refrigeración.

 

Esto último nos da paso a un factor que condiciona claramente el discurso de la rehabilitación energética residencial: la pobreza energética.

 

La pobreza energética como realidad endémica

 

Efectivamente el papel todo lo aguanta, pero en la realidad tenemos un factor que condiciona la vida de las personas y, en última instancia, reduce el margen de operación en la rehabilitación energética residencial: la pobreza energética.

 

Ha sido aproximadamente en la última década que el concepto de pobreza energética se ha empezado a analizar y cuantificar en España. Sin entrar en detalles (muy ricos en informes como el de Pobreza energética en España – ACA 2014), cabe destacar que en 2014 se consideraba que un 9% de los hogares no era capaz de mantener las condiciones de confort de invierno.

 

rehabilitación energética 3

Figura 3. Evolución de porcentajes y millones de personas consideradas en situación de pobreza energética en España. Fuente: proyecto REPEX.

 

 

Sea por motivos semejantes u otras variables, a ello se debe añadir que en el sector residencial el consumo de refrigeración resulta residual.

 

Una de las conclusiones de todo lo anterior es que, la factura energética real abonada por la vivienda tipo es realmente reducida, resultando en márgenes muy estrechos que permitan compensar las elevadas inversiones requeridas en la rehabilitación.

 

Para ubicarnos, en distintos proyectos que se están llevando a cabo en la ciudad de Barcelona, la factura energética anual promedio por vivienda está en aproximadamente 1.000€. De éstos, un 70% son de consumo (el resto son gastos fijos de contratación de servicios) y, si suponemos un ahorro por mejora del 50%, nos queda un margen de 350€ anuales por vivienda. Si nos vamos a rehabilitaciones integrales (parece razonable un valor de 125€/m2 de inversión), esto resulta en un retorno de la inversión de 35 años para una vivienda de proporciones tipo.

 

Aprovechando las sinergias para dinamizar la sociedad

 

De lo anterior, el error es considerar que la energía debe ser el vector financiero que compense todas las inversiones de rehabilitación, al menos a escala individual. Ya nadie duda de la relevancia de las políticas energéticas, tanto a nivel de cambio climático como de estrategia de país, pero es necesario avanzar en el conocimiento, para que realmente nos orientemos a cambios reales.

 

La rehabilitación en residencial, a secas, es un motor de cambio, que debe sostenerse en base a la revalorización patrimonial (que de por sí rentabiliza las inversiones requeridas), y que permite la dinamización del sector y, en última instancia, la potenciación del tejido social. En este contexto, la denominada rehabilitación energética se debe entender como una variable más de la ecuación que, no sólo ayude a viabilizar el cambio, sino que mejore las condiciones de las personas, con todo lo que ello conlleva (incluyendo la factura en sanidad).

 

Como decíamos, para ello es necesario optimizar las inversiones y dotar al sector, en concreto, y a la sociedad, en general, de unos conocimientos que aún brillan por su ausencia. Variables como la interrelación del residencial con el terciario, o fórmulas de cooperación público privadas (los denominados modelos PPP), pasan por ser el camino para llegar a modelos sostenibles, también económicamente.

 

 

[1] Estimación a 1 de enero de 2011. INE (2001). Censo de Población y Viviendas 2001 y Ministerio de Fomento (2009). Construcción de Edificios 2004 – 2008: Licencias Municipales de Obra.

[2] INE (2001). Censo de Población y Viviendas 2001.

 

 


1 Comment

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  1. Jordi Pascual

    Junio 17, 2016 at 11:54 am

    En respuesta a Fernando Visedo, del grupo de Linkedin Vivienda y Suelo (https://www.linkedin.com/groups/2734357).

    Apreciado Fernando,

    ante todo agradecer que hayas leído el artículo, y sobre todo la Tesis Doctoral; después de un trabajo de esas características, una de las principales motivaciones que resisten es la difusión del mismo.

    De lo que comentas, en primera instancia constatar la diferencia de foco entre ambos trabajos. El artículo se centra única y exclusivamente en edificios de uso residencial, mientras que la Tesis focaliza sólo en edificios de uso terciario, en concreto, oficinas en el ámbito Mediterráneo. Más allá de otras diferencias en otros ámbitos (de mercado, por ejemplo), a nivel de energía son dos mundos totalmente distintos, así que las conclusiones de los dos escritos son propias de su ámbito, y una comparación entre ambas debe hacerse considerando las diferencias. Igualmente, y en el caso de la Tesis, el análisis es sobre tipologías de pieles de edificios de oficinas, y sus consumos en los usos normativos, esto es: calefacción, refrigeración, ventilación e iluminación. No se entra, de esta manera, en el consumo de equipamientos (en oficinas, ordenadores, impresoras, máquinas de vending, ascensores, etc.)

    Aclarada la diferencia, y ya centrado en el artículo publicado en WOF, lo que quería destacar es que en el sector residencial (no el terciario) y según datos estadísticos (del informe GTR y del INE) más de la mitad de los consumos en una vivienda (de promedio, el 51,8%) no responden a usos relacionados con la piel del edificio, si no a equipamientos de la vivienda como lavadoras, televisores, ordenadores, agua caliente sanitaria o iluminación. Al llevar a cabo una rehabilitación, y entendiendo que en general no se modifican la proporción de aberturas de las fachadas, si no las soluciones de éstas (aislamiento partes opacas, acabados, tipos de ventanas, etc.), lo que conseguimos es “actuar” sobre los consumos de refrigeración calefacción, que suponen un 48,2% del consumo (de promedio). A eso es a lo que me refería en el artículo, que aunque mejore la piel del edificio, esta mejora “solo” afectará al 48,2% de los consumos, ya que la mejora no me substituirá ni los consumos de televisores, ni de ordenadores, ni de neveras, etc.

    Evidentemente considero más que relevante las actuaciones de rehabilitación en general (por los impactos sociales, económicos y de otros ámbitos que llevan implícitos), y las energéticas en particular (por el confort, la salud y la economía de las familias). Por todo ello, rehabilitar la piel del edificio es fundamental, pero eso no significa que, con ello y a nivel energético, como mucho actuamos en un 48,2% del consumo de las viviendas, ya que el resto de la factura es independiente de la “piel” del edificio. Esto, como comentaba al principio, debe tomarse como una valoración en residencial, ya que en terciario los órdenes de magnitud y la repartición de consumos por usos es muy distinta (si interesa, y más allá de mi Tesis doctoral, hay datos orientados sobre este subsector de terciario).

    De nuevo, gracias por la lectura, esperando haber aportado algo de luz al tema
    Saludos

    Jordi

    Responder

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