25 May

Poca transparencia en el inmobiliario de Colombia

Existen en el negocio inmobiliario dos grandes tendencias en cuanto al manejo de información. De una parte hay quienes piensan que los buenos negocios se forjan con discreción, procurando que la potencial competencia ignore todo lo posible. Cuanto menos sepan los demás, mejor para mí. Es una posición predominante en muchos países, con un cierto componente idiosincrático. Y de otra parte, están los que creen que el negocio inmobiliario se basa en la relación de confianza entre todos los que intervienen en el mismo, que juntos conforman un mercado, ya sean personas o familias que quieren adquirir una vivienda, inquilinos potenciales, empresarios del sector, inversores que quieren rentabilizar sus ahorros o fondos institucionales.

Para conseguir dicha confianza, la información imparcial, en calidad y cantidad, la transparencia en definitiva, es una pieza clave. Y además debe ser fácilmente asequible, lo que hoy afortunadamente permite internet de forma cómoda, sistemática y relativamente ordenada.

En un extremo a favor de la transparencia se sitúan mercados bien desarrollados y en general con una cultura inmobiliaria alta. El Reino Unido es tal vez el ejemplo más paradigmático, donde los inversores dicen abiertamente a cuánto han vendido o alquilado o cuales son los entresijos de sus relaciones con las autoridades en cuestiones, por ejemplo, urbanísticas.

Poca transparencia y poca voluntad

Hecha excepción de la información pública sobre la vivienda, el sector inmobiliario colombiano como conjunto, conformado por desarrolladores, fondos fiduciarios, consultoras y agencias inmobiliarias o instituciones gremiales, consideramos que está falto de transparencia, tanto en información disponible como en la disposición de sus protagonistas a mejorar esa situación.

Camacol y la Lonja de Bogotá están interesadas casi exclusivamente en la vivienda y sólo la primera por medio de su herramienta Coordenada Urbana ofrece una aportación clara de conocimiento, enfocado hacia la construcción y la vivienda.

De entre las constructoras patrimonialistas o desarrolladoras que tienen cierta dedicación al inmobiliario comercial la información, más allá de la actividad actual y proyectos en venta, es escasa. Interesaría un informe de actividad que permitiera conocer, no ya su evolución financiera puesto que son compañías privadas que no tienen por qué hacerlo, pero sí su opinión sobre el negocio y su respuesta a los retos que se presentan. Conconcreto es la única que en su memoria anual explica el peso operativo y financiero de su actividad edificación y vivienda. Será interesante ver qué cuenta Pactia, su nueva alianza con el Grupo Argos. Terranum ofrecer alguna información sobre su operativa pero no en formato memoria anual, aunque sí ofrece cumplida información de cuanto se relaciona con Patrimonio Estrategias Inmobiliarias -PEI-. Constructora Colpatria y Construcciones Planificadas no cuenta nada, que veamos, ni a nivel empresa ni de sus matrices el banco Colpatria o Grupo Aval. Y tampoco vemos opinión de por ejemplo Aldea Proyectos u otras muchas que seguro nos dejamos.

De entre las consultoras inmobiliarias internacionales, en la actualidad están presentes en Colombia Colliers, JLL, Cushman & Wakefield, CBRE y Savills. Salvo JLL que ha publicado sus informes al 31-12-2015, ninguna otra ha emitido -que veamos- ningún informe sectorial en 2015. Así como en Lima han publicado informes de oficinas al 31-3-2016 Colliers y Binswanger, o en Santiago de Chile JLL y Colliers, en Bogotá nadie ha emitido un diagnóstico de los mercados terciarios. La Galería Inmobiliaria, que es una consultora local que posee amplia información -que deber tener calidad porque es la que utiliza el Banco de la República para elaborar su índice de precios de vivienda nueva-, no tiene como política publicar información en abierto.

El último informe anual de Asofiduciarias es de 2014 y la información macroeconómica que ofrece es al 30-9-2014, algo que nos resulta inexplicable dados los importantes cambios en la economía del país en los últimos dieciocho meses. En general, la información sobre las numerosas fiducias inmobiliarias que operan en el país, siquiera a nivel estadístico, es inaccesible. Queremos suponer que los inversores directos reciben información de sus respectivos administradores.

En cuanto a los Fondos, BTG Pactual Rentas Inmobiliarias -todavía relativamente pequeño- cumple con lo esperado de un fondo de su naturaleza. E igualmente lo hace Patrimonio Estrategias Inmobiliarias —PEI—, del que ya hemos escrito. Por contra, Bancolombia, sobre su Fondo Inmobiliario Colombia, no va más allá de generalidades sobre criterios de inversión y no ofrece en abierto ni un solo dato sobre su evolución financiera o actividad. Y Correval Fondo Inmobiliario, actualmente Credicorp Capital, que venía ofreciendo información, ahora no somos capaces de encontrarla.

La suma de todo lo anterior no ofrece más allá de una foto borrosa de qué está pasando en el inmobiliario terciario colombiano. Seguramente quienes lo vivan a diario tendrán una mejor percepción, pero desde fuera desde luego falta nitidez.

Algo sobre lo que se debería de trabajar.

 


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