13 Sep

Murciélagos y fachadas: la otra cara de la sostenibilidad

Disculpen una pequeña digresión.

 

Los murciélagos (orden de los quirópteros), no le son especialmente simpáticos a mucha gente (excepto en China, donde parece que se considera que traen buena suerte). A los murciélagos se les ve poco porque son nocturnos, se les asocia (correctamente) a cuevas y lugares oscuros, hay quien los imagina como una especie de ratas o ratones con alas (aunque están genéticamente más próximos a los primates y a los humanos que a los roedores) y se teme que transmiten la rabia (que es cierto, aunque según la OMS el 99% de los casos de rabia en el mundo, hoy en día, son por mordedura de perro y se estima que menos del 0,5% de las especies de murciélagos son portadoras) o el ébola (lo que parece que también es cierto o al menos se piensa que la cepa original del virus de esa enfermedad procede de este animal, pero su evolución posterior fue por otro camino). ¿Y además alguno es vampiro? Alguno, aunque sólo tres de las más de 1300 especies de murciélagos conocidas se alimentan de sangre (habitan en Latinoamérica, desde México a Brasil). Y de hecho, leemos, no “chupan” la sangre, como Bela Lugosi o Gary Oldman, sino que la lamen de las mordeduras, heridas o rasguños en aves o ganado normalmente. El 70% de los murciélagos son insectívoros y la mayor parte del resto se alimenta de fruta -y son importantes polinizadores-.

 

Pero es que además son feos… (para la mayoría de los gustos). O vamos, guapos no son, para el nuestro.

 

Y sin embargo existe una “Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos” –SECEMU, basada en la Universidad de Alcalá de Henares – y los británicos tienen su “Bat Conservation Trust“. Ambas entre otras muchas organizaciones, con los mismos fines: protegerlos. Y los americanos tienen su “Bat Conservation International“, -BCI-, basada en Austin (Texas), que se ha extendido a 60 países.

 

Austin tiene la mayor colonia urbana de murciélagos en Estados Unidos: 750.000 madres, embrazadas “latentes”-una curiosidad biológica que es un poco largo explicar- se estima que migran, sólo las hembras lo hacen, desde México(1) en su temporada de cría. Ya en la ciudad, se alojan bajo el “South Congress Bridge“, sobre el río Colorado y doblan a 1.500.000 (aproximadamente…), una vez que dan a luz. La ingeniería de puentes jugó a favor de este mamífero volador, ya que ese puente se re-construyó (en 1980, el puente original es de 1910), con unas ranuras en su parte inferior que les han encantado como hogar a estos animales. Parece que los austineses están también encantados con la visita regular de las “murciélagas” mexicanas y hasta organizan visitas y cruceros para ver el revuelo que se arma cada noche cuando cientos de miles salen de caza.

 

murciélagos sostenibilidad

South Congress Bridge, Austin (Texas)

 

¿En que quedamos? Murciélagos: ¿mejor que haya, mejor que no hubiera?

 

Nos vale el “leitmotiv” de BCI: “conserving the world’s bats and their ecosystems to ensure a healthy planet“. La salud de nuestro planeta pende, entre otras más cosas, de este tipo de animal. Los murciélagos, nos guste o no su aspecto y les tengamos o no recelo, son esenciales para el equilibrio de nuestro entorno. Porque son enormes consumidores de insectos y sus larvas. El llamado pequeño murciélago café americano (“myotis”) o nuestro doméstico -en España y Europa- murciélago enano (“pipistrellus pipistrellus”), pueden llegar a devorar de 600 a 1.000 insectos de la talla de un mosquito en una hora. Se estima que cada noche se comen su propio peso en insectos (moscas, mosquitos e insectos de todo tipo), a los que cazan por ecolocalización. La alternativa si los murciélagos se extinguen, cosa que en algunas zonas está empezando a verse como amenaza, es el recurso creciente a pesticidas e insecticidas varios, a riesgo de que acaben en nuestra cadena alimentaria (como el reciente caso del fipronil en los huevos de Holanda demuestra).

 

Y bueno, dirán ustedes que… “qué pinta todo esto en una página inmobiliaria“.

 

Pues lo que pinta es que hace unos días se han conocido los resultados de una investigación en la que llevan tiempo entretenidos los investigadores del “Max-Planck-Institut für Ornithologie“, en Seewiesen (Alemania), sobre el despiste que causan en los murciélagos las fachadas acristaladas de los grandes edificios.

 

Como las de los edificios de oficinas… Lo que el estudio explica es que los murciélagos son capaces de procesar una señal que les venga desde abajo de una superficie horizontal totalmente plana, que normalmente asociarán con agua. Pero su cerebro no parece capaz de procesar una superficie totalmente plana vertical y, “sin tiempo para pensar”, se estrellan contra el cristal. Algo así como “ven -o mejor dicho, oyen-, pero no entienden”.

 

¿Hay que hacer algo?

 

Pues depende de lo que cada uno entienda por sostenibilidad. Nosotros creemos que sí, que esto es otro aspecto de la sostenibilidad tan importante o más que una certificación medioambiental. Lo primero, observar y medir. Lo siguiente colaborar con quienes entienden. Y lo principal, buscar remedios, si de verdad hay un problema. El hecho de que el Instituto Max-Planck se meta en esto nos hace pensar que algo puede haber.

 

Murciélagos en peligro, desaparecen las abejas, las golondrinas, los gorriones…

 

Murciélagos… ¿mejor que haya, mejor que no hubiera?

 

Si esta noche se quedan a trabajar tarde en la oficina y oyen unos golpecitos en el cristal… Igual son ellos…

 

¿De verdad valdrá la pena preocuparse por estas cosas?

 

(1) El murciélago que migra es el llamado “murciélago mexicano de cola libre” o “murciélago guanero” (Tadarida Brasiliensis Mexicana), que pesa hasta 15 gramos. La  colonia de Austin es la mayor en una ciudad, pero la mayor colonia en Texas se aloja en las cuevas Bracken, cerca de San Antonio, donde se estima que se alojan entre 20 y 30 millones de madres, más luego otros tantos murcielaguitos (los murciélagos sólo tienen una cría a la vez), en una especie de guardería descomunal (en la que, sobra decir, cada madre encuentra de inmediato a su retoño particular cuando vuelve con alimento). Se estima que las madres en su vuelo de cada noche consumen entre 150 y 250 toneladas de insectos y pueden llegar a alcanzar los 3.000 metros de altura. Pocos mosquitos quedarán en ese río y sus alrededores…


 


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