07 Mar

Hacienda Fontanar y la vida suburbana en Bogotá

Nos hemos tropezado con el proyecto Tagua de Amarilo, parte de la Hacienda Fontanar en Chía, al norte de Bogotá. Hacienda Fontanar es un proyecto grande-grande, una pequeña ciudad o casi en cuanto a extensión, compuesto de hasta 19 sub-proyectos o comunidades de 80 a 100 viviendas unifamiliares o pareadas cada una, así que aunque la página web no da ese detalle para la integridad, deben de ser de 1.600 a casi 2.000 viviendas en total. Que por su talla (en el caso del Tagua a partir de 169 m2 de área privada), darán habitación a entre 6.000 y 8.000 personas.

 

Orientarse en el proyecto va a exigir casi un manual de botánica o silvicultura, porque cada complejo parcial lleva el nombre de un árbol distinto (la Tagua es una palma también conocida como nuez de marfil o marfil vegetal) y para llegar hasta ahí desde el centro comercial Fontanar, a la entrada, habrá que pasar junto a las comunidades de El Nogal, el Aliso, el Alcaparro, el Álamo, El Arce y el Pimiento, pero seguro que pronto se aprenderá uno alguna buena regla mnemotécnica y seguro que es tan fácil o más que lo de las calles y carreras.

 

Hacienda Fontanar

Hacienda Fontanar, Chía.

Por el precio y los servicios, Fontanar parece definitivamente enfocado a personas que regularmente habitan en los estratos 5 ó 6 y dudamos que alguien del  4 se lo pueda permitir, salvo con apoyo familiar. El precio de partida, de COP 1.098.332.324 (USD 385.000 aprox.), que son COP 5.575.291/m2 (USD 1.955/m2), excluye a todo el resto. Ese dinero compra una casa, el modelo Solaria, de 3 dormitorios y 4 baños, habitación de servicio y dos parqueaderos y 197 m2 construidos, sobre una parcela independiente de la que no vemos la superficie especificada, pero parece tener unos 500 m2.

 

No ha ido descaminada Amarilo con la ubicación de este proyecto en la Sabana de Bogotá, porque mucho de su público va a ser gente que trabaja en el norte de Bogotá y entrará y saldrá por la Autopista del Norte. Y la vecindad del centro comercial y los servicios locales (colegios, supermercados, hospitales) permitirán una vida bastante autónoma del centro de Bogotá salvo, claro, ir y volver al trabajo. La distancia de 25 Kms. hasta la calle 100 está un poco en el límite de proximidad y no es excesiva. Pero los trancones habituales de esa vía hacen temer que quien esté obligado a transitar en horas punta va a sufrir. Si efectivamente se ejecuta la ampliación de la vía de que se habla, algo tal vez mejoraría la cosa, aunque la experiencia viene a demostrar que, a menudo, “más ancha la vía, más congestión…” Paradojas de la era automotriz.

 

¿Vida urbana o vida suburbana?

 

La “suburbanización” como fenómeno, habrá ya cumplido los 70 años o así. Iniciada en Estados Unidos por los combatientes que regresaban a casa tras la Segunda Guerra Mundial y buscaban una vivienda que se pudieran permitir (básicamente tomando su automóvil y conduciendo a las afueras hasta encontrar casas lo suficientemente baratas) y ha pasado por etapas en que los desarrolladores han visto la oportunidad de suelos baratos o la escapatoria de parte de la demanda hacia zonas que consideran más seguras que algunos barrios del centro. Entre las dos últimas nos parece que está este proyecto.

 

Súmenle la balanza que mucha gente maneja sobre su concepto de calidad de vida, desde la proximidad, entretenimiento o servicios de la ciudad hasta el aire libre, los jardines o mayor espacio de la vivienda de los suburbios y ahí están las razones de que unos se inclinen por una solución y otros por otra. A menudo existe incluso un factor generacional: familias con hijos pequeños que quieren que los chicos crezcan en un ambiente campestre o disfruten de un jardín propio o hijos ya crecidos que opinan que lo de vivir en el campo es una incomodidad que les impide relacionarse con sus amigos o compañeros, por un decir. Para todo hay. Y cada uno tiene que tomar su decisión muy personal.

Hacienda Fontanar parece una buena solución, a su precio. Lo único que nos haría temblar en la decisión son los 45 minutos o 1 hora en cada dirección que esos 25 ó 30 Kms. se pueden llevar de nuestro tiempo, en ausencia de un medio de transporte masivo. Más allá del bus, que está sujeto a los mismos problemas de trancones que el automóvil privado.

 

¡Para todos los gustos!

(*imagen portada: Amarilo)


 


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