20 Ene

Graña y Montero y sus vicisitudes (Perú)

Graña y Montero y sus vicisitudes (Perú).- Graña y Montero -GyM- es una gran compañía. La mayor constructora del Perú, con 82 años de trayectoria e intereses, como gran empresa de ese sector que se precie, en varios segmentos de negocio, que la compañía divide en cuatro grandes áreas: ingeniería y construcción (70% de las ventas, 36% del EBITDA, a Septiembre 2015); concesionaria de infraestructuras -el metro de Lima entre ellas- (13% de las ventas, 41% del EBITDA); inmobiliario -el mayor promotor de vivienda del Perú- (3% de las ventas, 9% del EBITDA) y “servicios técnicos” -operación y mantenimiento de infraestructuras- (15% de las ventas, 13% del EBITDA).

Mario Alvarado Pflucker es el CEO de Graña y Montero desde 1996 y ha liderado una etapa con años excelentes y un culmen en 2013 en que las ventas alcanzaron los US$ 2.134 millones, el EBITDA US$ 369 millones y la deuda total se situó en US$ 285 millones, un 0,77 del EBITDA, al tiempo que acumulaba US$ 343 millones en “cash”. Una situación envidiable.

Graña y Montero; en 2014 empiezan los problemas

Pero a partir de entonces las cosas se empezaron a torcer para Graña y Montero. En 2014 la compañía acometió un fuerte plan de inversiones -en línea con su plan 2014 a 2018-, US$ 385 millones -de los que US$ 162 millones en construcción-. Subieron las ventas, pero también duplicó su endeudamiento y bajo el EBITDA a US$ 306 millones, lo que hizo que su ratio deuda/EBITDA subiese a 1.91. Y 2015, hasta septiembre, ha sido peor, con un desplome del EBITDA al 30-9 hasta US$ 149 millones y beneficio neto prácticamente a cero, mientras la deuda se ha vuelto a casi duplicar hasta US$ 833 millones y el ratio deuda/EBITDA ha pasado a 3.67. Decía Alvarado en enero 2015 que confiaba en lograr EBITDA de US$ 387 millones, cifra que a falta de conocer el resultado del cuarto trimestre se antoja inalcanzable.

En estos dos años Graña y Montero ha sufrido por varias razones que incluyen la demora en proyectos de infraestructura en Perú, que resulta muy costosa, la excesiva burocracia o cancelación de propuestas de Iniciativa Público Privada -IP-, la ralentización del sector minero y el petrolero o la caída de las ventas en viviendas en los segmentos medios y bajos -con financiación dificultosa-. Todo ello ha sumado para hacer que la empresa deba esforzarse, como dice Alvarado, en encontrar “nuevos motores de crecimiento”, al tiempo que reducen su dependencia del 84% del negocio nacional con una mayor internacionalización, que en estos momentos no resulta fácil por la situación de sus vecinos.

En una compañía de tanta raigambre como Graña y Montero no cabe sino pensar que el bienio pasado sea un bache, que 2016 será un año defensivo y que hasta mayo, pasadas las elecciones generales “toca protegerse”. El endeudamiento, habiendo crecido, todavía resulta conservador -aunque tendrá que alargar sus plazos- para quienes miramos desde España, en que las grandes constructoras están mucho más apalancadas, con ratios deuda/EBITDA por encima de 5 ó 6 para el caso de Ferrovial, FCC u OHL. Sin hablar de Sacyr (13,1). El plan de inversiones a 2018 deberá postergarse y los US$ 2.000 millones no se van a cumplir (en 2015 a septiembre la inversión era US$ 145 millones).

Y en 2017 hablamos.

De momento, y por referirnos a un tema del que hemos hablado, el Proyecto del Cuartel de San Martín, todo indica que habrá  que esperar.


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