25 Ene

Graña y Montero y el lío de Odebrecht (Perú)

A Marcelo Odebrecht lo encarcelaron el 19 de junio de 2015. En marzo de 2016 lo condenaron a 19 años y 4 meses de cárcel. El 1 de diciembre de 2016 empezó a negociar un acuerdo con las autoridades judiciales brasileñas para reducir su pena a cambio de facilitar información sobre la red de sobornos que venía el grupo utilizando en varios países, de los que Perú parece ser uno principal.

 

graña y montero odebrecht

 

La detención fue parte de la llamada “Operação Lava Jato”, u “Operación Lavadero”, u “Operation Car Wash”. Parece que la trama corrupta de directivos de Odebrecht y sus contertulios utilizaron, al menos en sus inicios, una casa de cambio sita en un “Posto da Torre” -estación de servicio- en Brasilia, de ahí el nombre. Desde 2008 viene ese tema creciendo en gravedad, hasta que en marzo de 2014 la policía brasileña detiene por corrupción a Paulo Roberto Costa, anterior jefe de refino y compras de Petrobras. Y Costa, al igual que Marcelo Odebrecht el mes pasado, también decide ofrecer información a cambio de reducir su posible condena. A partir de sus declaraciones se suceden decenas de arrestos y lo del “Car Wash” se convierte en un escándalo mayúsculo, que salpica a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que durante años fue consejera de la petrolera. Aunque su inocencia en el tema de los sobornos es defendida por muchos, el caso es que el Senado brasileño acabó destituyéndola en agosto de 2016.

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Graña y Montero, ¿ya pasó el bache…?

Petrobras y Odebrecht tenía una empresa en común, Braskem. Y Odebrecht y Braskem sobornaban a ejecutivos, de Petrobras y de gobiernos varios, para conseguir trabajo a precios inflados. Cuánto dinero (y relojes de lujo, yates, helicópteros y más cosas menos confesables) hubo por medio, es difícil de saber, pero una estimación que leemos es la de USD 5.300 millones. Estados Unidos persiguió judicialmente a Braskem y acabó multándole con 6.900 millones de reales brasileiros, (USD 2.179 millones de hoy), que en un acuerdo internacional se repartirán entre Estados Unidos (15%), Suiza (15%) y Brasil (70%). Cómo acaba toda esta historia, en cuanto a Odebrecht o, mejor dicho, dónde acaba Odebrecht, es una incógnita.

 

Pero lo que aquí nos interesa hoy, es que cuando Marcelo Odebrecht el mes pasado aceptó dar más información al Departamento de Justicia de Estados Unidos, dijo que habían pagados sobornos -coimas- por USD 788 millones, en 11 países. Y entre ellos USD 29 millones en Perú, entre 2005 y 2014. Algo que sin duda la Justicia peruana se ocupará de investigar y que obliga a revisar los contratos del metro de Lima, la carretera Transoceánica y otros grandes proyectos. Vaya por delante nuestra opinión de que es bueno que lo de Petrobras-Odebrecht se haya destapado y que este tipo de prácticas se empiezan a castigar como es debido, lo que sin duda será beneficioso para América Latina en su conjunto, en limpieza mercantil y ejemplo para el futuro (aunque, como en todos sitios, costará…).

 

Pero de rebote está causando un enorme daño a Graña y Montero. Porque si Odebrecht ha pagado sobornos en Perú, es razonable pensar que en un proyecto de la talla de Gasoducto Sur Peruano -GSP-, con una inversión superior a USD 7.000 millones, también haya pagado. Y lo primero que perjudica a Graña y Montero es que si efectivamente se demostrara que Odebrecht pagó algún soborno para este proyecto, ¿cómo es que Graña y Montero, socio suyo, lo ignoraba? Habrá que demostrarlo, pero el daño reputacional está hecho.

 

Lo segundo es que, aunque Graña y Montero no tenga nada que ver, la presencia de Odebrecht en el grupo de empresas ganadoras de la licitación para la explotación, o sea Odebrecht, Graña y Montero y la española Enagás, ha hecho que no sea posible asegurar la financiación inicial del mismo. Lo que a su vez ha causado que el Gobierno Peruano haya cancelado la concesión y amenace con reclamar daños por USD 262 millones. La razón detrás de que no se haya podido sustituir a Odebrecht por un nuevo socio es que el contrato de concesión contiene una cláusula que señala que en caso de que se demostrara que el contrato ha sufrido de algún tipo de corrupción en su concesión, el Gobierno tiene derecho a recuperar la concesión sin indemnización. Nadie ha querido tomar ese riesgo.

 

Lo siguiente, es que Graña y Montero tiene en sus libros S/. 589 millones (USD 179,6 millones de hoy) por sendos desembolsos realizados en diciembre 2015 y marzo de 2016 para el pago del 20% de GSP. Cuando se realice una nueva concesión, que tardará hasta que esta madeja se desenrede, la previsión es que los concesionarios que lo han sido hasta ahora recuperen parte de su inversión con el pago que haga el nuevo concesionario. Pero si la corrupción se llegase a demostrar, esa partida podría estar en peligro, lo que causaría serios problemas a esta constructora.

 

Y finalmente está la pérdida de confianza de la comunidad financiera. Graña y Montero es una empresa muy respetada en Perú y con prestigio en la comunidad financiera internacional, pero los prestamistas suelen ser renuentes a financiar a empresas que pueden tener problemas de reputación, lo que irremisiblemente lleva a un aumento de costo. Como ejemplo, Odebrecht vio su coste de financiación escalar del 10% al 25% en el año trascurrido entre junio de 2015 (cuando encarcelaron a Marcelo Odebrecht) y junio de 2016:

 

graña y montero odebrecht 2

 

Graña y Montero tiene un problema muy serio a resolver. Cuanto antes se aclare todo, mejor le irá.

 


 


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