14 Jun

¿Es Graña y Montero un lastre para Perú? (Perú)

Hoy lunes habrá desayunado el Presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, en Madrid. En París ha asistido al IX Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe -el LAC Forum-, que organizan la OCDE con el Banco Interamericano de Desarrollo -BID- y el Ministerio de Economía francés. Que, por cierto, está bien que el evento sea en París, donde tiene su sede la OCDE (a la que Perú querría pertenecer), pero cabría señalar que, en cuanto a Perú al menos, Francia está bastante abajo en el ranking de países inversores. Y que los tres principales inversores en la región son Estados Unidos, España y Alemania. Que el BID moviera su oficina para Europa de París a Madrid en 2012, es una señal.

 

En Perú en concreto, España es el primer país en Inversión Extranjera Directa -IED-. El 18% de USD 24.684 millones, que fue el total de 2016. Le siguieron Reino Unido (también con el 18%), Estados Unidos (13%) y Chile (10%). Minería (23%), Comunicaciones (20%), Finanzas (17%), Energía (14%) e Industrial (13%) conforman el 87% del destino de la inversión.

 

El presidente, en sus declaraciones previas y durante el viaje ha ido mencionando cuestiones que requieren atención inmediata y otras de calado y largo plazo. Desde la necesidad de llegar a un pacto político en Venezuela, cuya situación causa inestabilidad y lastra la reputación y el crecimiento de todo el barrio (como él dice) a cuestiones de más calado, como la inclusión, la educación, la redistribución social o el cambio climático, que superan el mandato de un presidente, y nuestro alcance como articulistas, pero que está bien que ronden la cabeza de los mandatarios.

 

Y también ha dicho que quiere atraer a más constructoras españolas a que hagan negocio en Perú. No le falta razón. En un país como Perú, con tanto trabajo pendiente en infraestructuras, la caída en desgracia auto-infligida de Graña y Montero supone un problema serio.

 

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Graña y Montero; ¿demasiado lastre para Perú?

 

Porque las grandes constructoras son como una moneda de dos caras. De una parte, en ausencia de regulaciones y controles estrictos y buena ética profesional, puestos a ser corruptos, donde más merece la pena es en la construcción. Un mero 3% (por utilizar un ejemplo español), puede hacer rico a más de uno. Grandes obras, precios apretados, junto a constructoras dispuestas a cualquier cosa para conseguir su contrato y políticos o funcionarios dispuestos a inclinar la balanza en favor de quien paga, suponen un problema en muchas latitudes.

 

Pero las grandes constructoras son también las que tienen capacidad de llevar adelante los grandes proyectos y, más importante, armar los consorcios financieros que los hagan viables. No hay constructoras, no hay financiación. Son las constructoras las que con frecuencia empujan las APPs y el negocio de concesiones, porque necesitan el trabajo que de ello se genera. En este último sentido la situación de Graña y Montero sí es un lastre.

 

América Latina, en general, está mal en constructoras internacionales. Hemos repasado el “ranking” de ENR -por Engineering News Record” sobre las 250 mayores constructoras internacionales. Juntas facturaron en 2015 USD 501.140 millones fuera de sus países de origen y USD 897.330 millones dentro de ellos. El ranking, el ENR 2016 Top International Contractors, está ordenado por el primer aspecto, así que puede suceder que una constructora grande, pero sólo presente en su propio país, tenga un posición baja (como podría ser el caso en Estados Unidos). En cambio una constructora más pequeña con mucha actividad internacional estaría más arriba. Pero cabe asumir  que las internacionales más grandes también son a su vez grandes en general.

 

La española ACS, que encabeza el ranking, junto a la segunda, la alemana Hochtief (que es filial suya al 66%), son las mayores del mundo, más por su actividad internacional que por la doméstica. Y otra decena de empresas españolas las acompañan: Ferrovial (16), Técnicas Reunidas (26), OHL (28), Abeinsa (38), Acciona (63), Isolux Corsan (61), Sacyr (70), FCC (83), Comsa (113) y Sener (156). No llama mucho la atención que Estados Unidos tenga 35 compañías en el ranking o China 65, aunque sí que Turquía tenga 40 empresas representadas.

 

América Latina tiene 3: Odebrecht, en el puesto 6, Andrade Gutierrez (también brasileña), en el 96 y Graña y Montero, en el 152.

 

Con Odebrecht y Graña y Montero manchadas, sólo queda Andrade Gutierrez. Y ésta está más centrada en Brasil y mirando al otro lado del Atlántico, hacia su este: 59 proyectos en marcha en Brasil, 15 en Portugal y 36 en África, frente a 7 en toda el resto de América Latina (3 en Venezuela y 4 en Perú). En efecto, América Latina tiene un problema en la ausencia de grandes grupos internacionales propios, que activen  los negocios de construcción e infraestructuras.

 

Graña y Montero está pasando su penitencia, pero está por ver cómo acaba. Ha tenido un primer trimestre relativamente bueno en interanual, manteniendo la actividad en cuanto a ingresos (-1,0 % a S/. 1.418,4 millones) y mejorando el beneficio neto y el EBITDA (+11,6% y +26,6% respectivamente, a S/. 79,1 millones y S/. 220,1 millones). Gracias en parte, en este trimestre, a la venta de su participación en el suelo del Cuartel de San Martín. Pero su deuda financiera en este último año ha crecido, de S/. 2.877,8 a S/. 3.180,7 y le pesa más (4,1 veces EBITDA frente a 3,7 veces). Y el ROE se ha hundido del 5,3% al 0,4%.

 

Tal vez lo que más inquieta es el descenso de su “backlog” o cartera de pedidos consolidada. Si en 1Q16 eran USD 4.034 millones y hace 3Q16 meses 4.225 millones, en 1Q17, eran USD 2.909 millones. El negocio recurrente ha mejorado algo, pero no impide que la caída global supere los USD 1.200 millones. Ha perdido el 31,1% de su cartera de pedidos en 6 meses. En el primer trimestre de 2017 ha ejecutado trabajos por USD 436,6 millones y conseguido nuevos pedidos por USD 138,1 millones. Si no cambia la tendencia, se está desangrando. Porque una constructora sin trabajo no vale nada. O tiene valor negativo, mejor dicho. De la medida de su crisis da idea el hecho de que en el primer trimestre haya invertido en CAPEX (maquinaria), S/. 1,1 millones, 300.000 dólares…

 

Así que Graña y Montero tiene un problema y Perú tiene un problema. Perú necesita una constructora nacional de talla suficiente, comprometida con el plan de infraestructuras que el gobierno debe acometer. En su estado actual, Graña y Montero no lo es. Sí es un lastre. Debería poder levantarse, pero va a hacer falta un “caballero blanco”, pensamos.

 

A ver si su presidente convence a alguno por acá. Igual que ha conseguido que se arregle lo del Codex Trujillo (¡qué bien!).



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