04 May

Inversiones en formato ESE | Empresa ESE

Según el Joint Research Center (Instituto para la energía y el transporte de la CE), se define como empresa ESE —empresa de servicios energéticos— “una empresa que ofrece servicios energéticos que pueden incluir la implementación de proyectos de eficiencia energética y/o renovables y, en la mayoría de casos, en modalidad llave en mano”. Para mayor detalle, se considera empresa ESE la que debe garantizar ahorros energéticos y/o proveer el mismo servicio energético a coste inferior, estando vinculada su remuneración a los ahorros conseguidos, pudiendo financiar, directa o indirectamente, las inversiones requeridas.

 

Bajo este paraguas, existen múltiples empresas que se han adaptado a esta definición ofreciendo servicios orientados. Prueba de ello son los lobbies específicos del sector, vertebrados mediante asociaciones de nivel continental (por ejemplo, euesco en Europa o naesco en Norte América) o estatal (anese o ami en España), algunas de ellas con un recorrido histórico remarcable.

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Sin embargo, parece que este tipo de servicios en inversión sólo están explotando su potencial en algunos países (EE.UU. o algunos nórdicos en Europa). En España se estimaba en 2010, que el negocio para este tipo de actuaciones estaba en una horquilla entre los 1,4 y 4 mil millones de euros. Pese a los esfuerzos de distintas administraciones y de la propia empresa ESE, las actuaciones realizadas hasta el momento no dejan de ser casos singulares, u orientadas a partes muy concretas de algunos edificios. Esto ocurre en un contexto de un parque edificatorio mayoritariamente obsoleto, a unos costes de energía elevados, con una presión del mercado y las administraciones relevantes, y con fondos esperando a invertir en operaciones rentables.

 

Aprovechando que la próxima semana se lleva a cabo la quinta edición del Congreso de servicios energéticos, hacemos repaso del estado actual de las inversiones en formato ESE.

 

Dónde tiene sentido plantear una inversión en formato ESE | Empresa ESE

La base del negocio es la rentabilización de la inversión por el ahorro en factura y/o mantenimiento. Dicho esto, queda claro que el objetivo final deberían ser los edificios de uso terciario o la industria como grandes consumidores energéticos a nivel unitario. Centrándonos en edificios de uso terciario, el consumo de los mismos representa aproximadamente el 33% del consumo en edificación (y casi el 10% del total en España), debido a una elevada intensidad energética —consumo por metro cuadrado— para estos usos.

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Figura 1. Evolución de los consumos energéticos según usos de edificios. Fuente: IDAE

A la vista de la figura anterior, aunque en intensidad energética el sector de la sanidad puede ser el más relevante, en valor absoluto, los sectores de oficinas y comercio son los más representativos. De ambos, el de oficinas tiene una menor dispersión (superficies mayores por unidad o edificio) y, por tanto, se erige como el candidato ideal en inversiones tipo ESE. Además, hablamos de un sector que está, mayoritariamente, en manos privadas y que requiere de una renovación periódica de sus activos.

 

Cuales son los actores y cómo se gestionan las inversiones ESE

Si nos centramos en los socios de las mencionadas ANESE y AMI, o el directorio de este tipo de compañías publicado por IDAE, la empresa ESE se divide en los siguientes grupos: fabricantes de producto, mantenedoras, utilities y fondos de inversión. Cada una de éstas suele intervenir en las operaciones de forma adaptada al core de su actividad. Por poner ejemplos, para los fabricantes de producto, las inversiones sólo engloban su solución, mientras que en el caso de mantenedoras, las inversiones suelen estar acotadas a las mejoras de sus contratos de servicios.

 

Un segundo elemento diferenciador es el tipo de contratos necesarios para llevar a cabo este tipo de inversiones. Sin entrar en el detalle de los mismos (que daría para otro artículo entero), los tipos de contratos se diferencian en función de quién realiza la inversión, y quién asume qué riesgos. Así se habla de contratos de ahorros garantizados, de ahorros compartidos y de tipo forfait.

 

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Figura 2. Esquema de funcionamiento del contrato de ahorros garantizados. Fuente: EOI

 

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Figura 3. Esquema de funcionamiento del contrato de ahorros compartidos. Fuente: EOI

 

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Figura 4. Esquema de funcionamiento del contrato forfait. Fuente: EOI

 

Cabe destacar, igualmente, que en los últimos años han aparecido a nivel internacional productos de seguros orientados específicamente a reducir el riesgo de estas inversiones.

 

Y entonces, ¿por qué no se generalizan?

Parecería, de lo anterior, que todo está resuelto y que este tipo de operaciones deberían ser la norma y no la excepción. Sin embargo queda claro que no es así, y las razones pueden ser variadas; apuntamos algunas de ellas:

 

  • Falta de objetivos comunes. La dispersión del negocio, derivada de las distintas tipologías de compañías que actúan como empresa ESE, y cuyo core principal no suele ser este tipo de intervenciones. Ello deriva en propuestas de inversiones muy orientadas, que actúan sólo sobre una parte del objeto, y que resultan difícilmente comparables.
  • Falta de un marco normativo específico y de empuje de la administración. Aunque el reciente RD 56/2016 introduce algunas definiciones del sector, parece más un ejercicio de cumplimiento de las obligaciones derivadas de las Directivas Europeas, que una actuación legislativa orientada. A pesar de la existencia de fondos —supuestamente— orientados (subvenciones PAREER-CRECE del Ministerio de Industria, Energía y Turismo a la rehabilitación), éstos requieren de unos condicionantes que, en la práctica, hacen inviable su uso generalizado.
  • Falta de conocimiento del vector por las partes implicadas. La falta del conocimiento del vector energético impide la creación de un marco confortable en el que, las distintas partes, puedan sentirse seguras. Aunque existen actores independientes capaces de realizar un arbitraje operativo, y hay metodologías contrastadas de evaluación detallada de los ahorros (como el protocolo internacional IPMVP), el desconocimiento imperante resulta en una barrera a superar.
  • Falta de adaptación a modelos de negocio y explotación del Real State. Las distintas formulas de explotación de inmuebles, o cómo introducir este tipo de inversiones en el balance de las empresas (opex/capex), también suelen ser condicionantes, más por la novedad que por la inviabilidad.

 

Queda claro que existen retos por superar, pero en otras latitudes con parques edificatorios menos obsoletos y costes energéticos más económicos, este tipo de inversiones están a la orden del día. Invertir en eficiencia energética es rentable, genera márgenes operativos relevantes, y deriva en una revalorización patrimonial y un posicionamiento de mercado; ¿a qué estamos esperando?

 

[1] http://www.idae.es/index.php/id.663/mod.pags/mem.detalle

 

 


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