07 Jun

¿Ciudades Emergentes y Sostenibles o Ciudades Resilientes? (Latam)

Leemos que en Medellín se ha abierto una oficina del programa “100 Resilient Cities” o “100RC”, un programa iniciado en 2013 bajo el patrocinio de la Rockefeller Foundation.

 

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La Rockefeller Foundation fue fundada en Nueva York en 1913 por John D. Rockefeller Sr., entonces presidente de la Standard Oil (en la que tienen su origen las petroleras actuales Exxon o Chevron), su hijo Jr. y Frederick Taylor Gates, un pastor de la iglesia bautista que era el “asesor filantrópico” (y de inversiones…), de Rockefeller padre (que también profesaba el bautismo. Desde entonces la fundación se ha dedicado a fomentar iniciativas benéficas con carácter amplio, desde la promoción de la investigación y educación sanitaria en China (1914), a la investigación en el cultivo del maíz en México (1941) al apoyo a la Fundación Bill y Melinda Gates en la mejora de la salud, agricultura y educación en África (2006), entre otra miríada de proyectos. Sus donaciones anuales se estiman en USD 200 millones y, en su poco más de un siglo de existencia, en USD 17.000 millones actuales (New York Times, enero 4, 2017). Desde enero de 2017 tiene nuevo presidente, Rajiv J. Shah (43) que anteriormente trabajó para la Bill and Melinda Gates Foundation.

 

Así que su interés en los problemas de las ciudades no puede ser sino bienvenido. Y para resolverlo se ha provisto de un equipo con amplias credenciales, entre los que su página web cita a 83 personas, de las que 60 están basadas en Nueva York, 12 en Singapur, 9 en Londres y 2 en América Latina. En esa composición tendríamos posiblemente una primera duda.

 

Lo que el programa 100RC pretende es ayudar a las 100 ciudades elegidas (entre las más de 1.000 que han presentado sus candidaturas desde 2013) a mejorar, defendiéndose de lo que califica de tensiones crónicas (“chronic stresses”) y de las crisis agudas (“acute shocks”). Entre las primeras, el desempleo elevado, el transporte público saturado e ineficiente, la violencia endémica o la falta de un suministro adecuado de agua y electricidad. Entre las segundas, los terremotos, inundaciones, epidemias o ataques terroristas.

 

Leemos esas cosas y no podemos sino pensar cuán necesitadas están muchas ciudades de América Latina de ayuda en todos estos temas (salvo el del terrorismo, que se ha convertido más en un problema de otras zonas del mundo).

 

La idea es ofrecer una subvención (hasta USD 1 millón, leemos), para abrir una oficina y nombrar un CRO (por “chief resilience officer”), que trabaje con el gobierno local en la elaboración y desarrollo de una agenda (“City Resilience Strategies”) que ayude a estudiar y combatir todos los problemas que arriba citamos.

 

Lo que nos sorprende es la elección de esas 100 ciudades. No ya por su eclecticismo (Accra en Ghana o Adís Abeba en Etiopía se parecen poco a Boston o Vancouver), sino por el peso de las ciudades en países desarrollados entre esas 100 ciudades. De esas 100 ciudades, 52 si contamos bien, están entre Estados Unidos (23) y Canadá (4), Europa (17) y Corea del Sur (1), Japón (2), Australia (2), Nueva Zelanda (2) y Singapur (1). ¿Singapur, necesita dinero de una fundación filantrópica?

 

Por contraste, las 9 ciudades de África (con casos “de libro” como Lagos o Ruanda) o las 16 de América Latina (bastantes grandes ciudades: Buenos Aires, Santiago de Chile, Río de Janeiro, Salvador Bahía, Ciudad de México, Guadalajara, Medellín), nos parecen una magra selección para este programa.

 

Puestos a adivinar las causas de esa extraña selección global, leemos que parte del trabajo de la Fundación que dirige el programa es conseguir, a base de invertir en “capital semilla”, la aportación de conocimiento y recursos de sus “partners”. Su página cita 83, de los que muchos son grandes empresas del tipo Cemex, Cisco, Microsoft, Siemens, Swiss Re, Veolia, Amec Foster Wheeler, Akzo Nobel y así. Sin duda esas empresas tienen mucho que aportar y su contribución es buena. Pero los proyectos que de esta iniciativa se deriven son sin duda mucho más interesantes como negocio en Ciudad de México, Sidney o ¡Londres!, que en una ciudad media de América Latina. Tal vez esa contaminación en la elección no exista y que nos disculpen nuestros amigos del 100RC por pensarlo, pero el dinero que manejen creemos que se podría repartir mejor.

 

El programa de Ciudades Emergentes y Sostenibles del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- nos parece que aporta mucho más a la región. En su séptimo año de actividad (se inició en 2011 con 5 ciudades), trabaja con 77 ciudades y tiene mucho más fondo y alcance. Desde su inicio ha llevado a cabo 11.509 proyectos con un financiamiento no reembolsable del BID de USD 4.640 millones (o sea unos USD 700 millones/año). Buena parte de los objetivos (medio ambiente y desastres naturales, agua y saneamiento, transporte, energía, salud, papel del plan de acción), se solapan con los de RC100 (de hecho algunos de los expertos de RC100 lo eran del BID). Lo bueno es que los programas son en cierto modo complementarios, puesto que el BID va a ciudades pequeñas y medianas y el RC100 a ciudades medianas y grandes. Toda la ayuda es poca.

 

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Pero, sin menoscabar a 100 Resilient Cities, la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles -ICES- gana de largo. Lo de la Fundación Rockefeller está bien y se agradece, aunque su estrategia geográfica podría mejorar.



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