03 Feb

Chile. Cómo viajar al trabajo si vives en Santiago.

Una de las pocas ventajas del escándalo del trucaje de los automóviles Volkswagen para engañar en lo que contaminan podría ser que la cultura y la concienciación medioambiental vayan subiendo. Así que los legos en estas cuestiones ya empezamos a saber que el problema de ir a la oficina todos los días (vale, uno de los problemas), es que respiramos tres o cuatro cosas que no nos hacen ningún bien: el dióxido de nitrógeno, el ozono troposférico y las partículas en suspensión, que van de gruesas (menos de 10 micras de diámetro), finas o “respirables” (menos de 2,5 micras) y ultrafinas (muy chiquitas, de hasta 0,05 micras). Sobre estas últimas se fijaron hace un tiempo el investigador Pablo Ruiz de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile y Marcelo Mena, director del Centro de Sustentabilidad de la Universidad Andrés Bello, para dilucidar cuál de los métodos de transporte en Santiago era el más perjudicial para la salud.

Lo del daño de las partículas según su tamaño estriba en que cuanto más pequeñas mayor su capacidad de llegar más profundo en nuestro organismo. Así, las finas pueden llegar hasta los alvéolos de nuestros pulmones y las ultrafinas no sólo lo hacen, sino que pasan a la sangre.

Lo que hicieron en esta investigación fue equipar a un grupo de técnicos con medidores de partículas ultrafinas para andar por el centro de Santiago, viajar en automóvil, en autobús –incluyendo las esperas en las paradas-, en metro o en bicicleta. Y se dedicaron a medir la concentración de partículas ultrafinas en cada caso. El reto estriba en que las particular ultrafinas, que son potencialmente las más dañinas, no tienen una vida larga, sino que tienden a agruparse para formar partículas más gruesas, por lo que sólo las respiramos si estamos cerca del emisor en el momento justo. Por ejemplo cuando pasa un camión o cuando arranca un bus sin filtro de un paradero del Transantiago (en 2011 el 69% de los autobuses no estaban equipados con el mismo, aunque suponemos que habrá mejorado ese índice).

¿Resultado? Lo peor es respirar en el “paradero”, la parada para los no chilenos, del Transantiago, en que el aire es cuatro veces peor que en el interior del autobús en este aspecto. Luego ir en bus. Y luego, ir en bicicleta, que es bueno para el medio ambiente de los demás, pero malo para la propia salud. Y luego ir en automóvil, que es peor a su vez que caminar por la calle. ¿Y lo mejor? Pues ir en metro, que curiosamente mucha gente asocia con suciedad, pero es lo que más protegido está en estas cuestiones.

Así que ya saben. Mascarilla, evitar las horas pico de tránsito –si pueden- y viajar en metro. Lo ideal, trabajo flexible y al menos en parte a distancia, desde casa. Aunque habrá quien diga que hay otro ideal todavía mejor: ¡no trabajar!.


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