21 Sep

¿Son responsables los arquitectos de la sostenibilidad?

En el trascurso de la historia han tenido siempre los arquitectos distintas responsabilidades, cada una en mayor o menor grado según la época en que les ha tocado vivir. Yo las resumiría en cuatro principales: la técnica, la funcional, la económica y la estética. En pocas palabras: los edificios deben mantenerse en pie y resistir el impacto de los elementos exteriores, deben responder a las necesidades de los usuarios y acogerlos con el mayor confort, deben ser económicos de construir y mantener y deben ser apreciados en su belleza por quienes los contemplen.

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Cada arquitecto resuelve esto a su manera, con mayor o menor acierto y se marca sus prioridades, en base a su propia visión, “la mirada del arquitecto”. Aunque debe adaptarse a los determinantes de la demanda del mercado en el que actúa profesionalmente, a menudo económicos. La condición de los edificios de oficinas como inmuebles de uso y objeto de inversión mantiene vivo el debate entre lo funcional y lo económico.

 

arquitectura sostenible

 

A ese debate, de por sí interesante y permanente, se unen hoy en día otras dos circunstancias:

 

  • Las necesidades de los usuarios de oficinas están cambiando. El impacto de la tecnología de comunicaciones, con los teléfonos inteligentes, tabletas –iPad, etc.- y la disponibilidad permanente de datos y programas en “la nube”, hacen que el trabajador no requiera su constante asistencia a la oficina para poder generar valor para su empresa. Se trata de una “revolución silenciosa” en la que todos estamos inmersos y que colectivamente cambia la economía global minuto a minuto.

 

  • Surge “La Quinta Responsabilidad” del arquitecto. Ya no basta con que los edificios no se caigan, sean confortables, económicos y bonitos. Tienen que ser además “sostenibles”. Lo que quiere decir más que meramente eficientes desde el punto de vista energético. Los edificios tienen que respetar el medioambiente, el de su entorno, el de su ciudad, ¡el del planeta! Y deben hacerlo de forma independiente a la mera economía.

 

Encuentra así el arquitecto, en la sostenibilidad, una nueva responsabilidad que añadir a su “fórmula magistral”. Y el gran reto no está realmente en los nuevos edificios que erigimos, sino en qué hacer con los que ya existen para que cumplan con estas nuevas exigencias. En la UE existían hace cuatro años -última cifra que tenemos disponible-, 13,642,569 edificios de oficinas -obviamente de muchas tallas-, de los que según los criterios definitorios de la UE, se estima que 3,162,201, necesitan ser renovados (los de entre 41 y 50 años de edad) y 1,909,588 nuevos edificios precisan ser construidos para sustituir a los edificios de más de 92 años de edad.

 

Tal vez pueda parecer que los criterios normativos de la UE son demasiado rigurosos y que es improbable que se cumplan, pero dado el elevado consumo energético de este tipo de edificios, estimado 10 veces superior al de la vivienda, parece improbable que la presión cese. Pero es que además para el caso de los edificios de oficinas surgen dos factores reforzantes a esta tendencia normativa:

 

  • Los inquilinos multinacionales asocian “sostenibilidad” a “buena reputación”. La mayoría de las grandes empresas, en sus definiciones de Responsabilidad Social Corporativa están incorporando con celeridad el “uso de oficinas sostenibles”, porque consideran que, además de económicamente, “lo verde” les ayuda a mejorar su imagen ante sus clientes.

 

  • Los inversores institucionales, o los “asset managers” que responden ante ellos, buscan cumplir con estos nuevos criterios de sostenibilidad, por no verse en problemas a la hora de deshacer una inversión dentro de unos años si la normativa avanza con más celeridad de la prevista. Y porque perciben que van a ser capaces de encontrar mejores inquilinos.

 

Los arquitectos, por tanto, tienen necesidad de recoger el guante, los guantes, y asumir el liderazgo en esta “Quinta Responsabilidad” sin abandonar las anteriores. Triunfarán aquellos que le entreguen mayor dedicación y sean capaces de hacerlo con mayor conocimiento.

 

Y si en Europa tenemos todo este trabajo con edificios nuevos y renovación de los antiguos y Europa supone únicamente el 11% de las emisiones de C02 del planeta, imaginen el tamaño del reto global.

 


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